Cuento de María

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En la cultura mexicana, en la que crecí, siempre he visto mucha diferencia en la manera en que se crían los hombres y las mujeres. Según yo, los hombres tienen más libertad que las mujeres. De niña, quería ser hombre porque yo

quería esas libertades. Quería la libertad de trabajar fuera de casa, hacer dinero para mantener a mi familia, pero NO tener que cuidar hijos, limpiar la casa y  hacer de comer. Quería trabajar fuera de casa porque después de terminar de trabajar, quería descansar, salir con mis amistades y hacer lo que se me pegara la gana. Eso veía que hacían los hombres, mientras las mujeres, siempre estaban trabajando.

A la edad de 7 años, mi familia se fue de México a los Estados Unidos y aquí, mi familia siguió igual; mis tres hermanos podían hacer lo que ellos querían y nosotras, como mujeres no porque teníamos que ser señoritas respetuosas y trabajadoras. Teníamos que saber cocinar, lavar, planchar, coser, etc., pero yo quería trabajar fuera de casa, hacer dinero, jugar billar y salir a divertirme con mis amigos. Quería hacer lo que hacían mis hermanos, no mis hermanas.

Escritorio con chucherías y una planta.

Escritorio con chucherías y una planta.

Después de ser criada de esta manera y ahora trabajar con Planned Parenthood de Wisconsin, donde hablamos y practicamos la equidad que debe existir entre los seres humanos, me siento orgullosa de poder vivir una vida donde tengo la oportunidad de hacer y ser lo que yo quiero. Es importante criar a nuestros hijos con la oportunidad de ser y hacer lo que ellos quieran y también tomar la oportunidad de hacer esto en nuestra propia vida, sin importar tu edad porque nunca es tarde para empezar.

Esto no es fácil porque las costumbres son difíciles de romper o cambiar. Yo, sabiendo lo que sé y sintiendo lo que siento sobre el rol del género, crié a mis dos hijos en este mismo estilo machista. Mis hijos no se enseñaron a cocinar, planchar, lavar, etc., porque esas son cosas de mujeres y eso es lo que yo o mi mamá hacíamos por ellos, fue lo que me enseñó mi mamá. Es difícil nuevamente aprender lo que por siglos se ha practicado.

Flor de corona de espinas en un florero azul.

Flor de corona de espinas en un florero azul.

Hace como unos 15 años, aprendí de algo que se llama justicia reproductiva, un movimiento criado por mujeres negras, donde se exige que las mujeres tengan todo lo que necesitan para vivir una vida plena y puedan decidir si o no quieren ser madres, cómo criar a sus hijos y tener el ambiente necesario para prosperar. En el tiempo que aprendí de la justicia reproductiva traté de enseñarle a mi comunidad lo qué es Justicia Reproductiva y tuvimos un evento donde le platiqué a la audiencia del movimiento conocido como justicia reproductiva y un hombre me dijo, "María, usted quiere enseñarles a las mujeres que manden a los hombres."

 

¡No es así! Justicia reproductiva tiene que ver con el poder de la mujer para liderar. En mi vida, aunque los hombres mandaban, yo me crié con mujeres súper fuertes y ellas no han necesitado un hombre que esté a su lado para ser exitosas, criar hijos y mantenerlos. Los maridos siempre han estado fuera de la casa, supuestamente trabajando y haciendo dinero para mantener a la familia, mientras las mujeres se quedan en casa, al cuidado de la familia, encargándose de todo.

La justicia reproductiva habla de ese poder que tienen las mujeres y yo apoyo el movimiento de la justicia reproductiva porque creo que las mujeres saben que son poderosas y fuertes, pero siempre han tomado el espacio abajo del hombre porque así fuimos criadas.

 

Es tiempo que nosotras, como mujeres, salgamos de la sombra del hombre y exijamos estar a su nivel. No queremos caminar atrás de ellos, ni enfrente pero caminar a su lado, porque como seres humanos valemos lo mismo. Eso es lo que la justicia reproductiva nos enseña, las mujeres somos poderosas, fuertes y no debemos tener miedo siéndolo.