Cuento de Joshy

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Para qué estoy aquí

He vivido durante más de 50 años en Nicaragua, mi país, el de mi madre, el país que me enseñó de inequidades, de desigualdades, de estereotipos, de discriminación, de racismo, pero que me enseñó lo que debíamos cambiar.

 

Crecí en una familia de mujeres, en su gran mayoría. De fuertes convicciones religiosas, las mismas convicciones que las animaron siempre a proteger a los más desfavorecidos.

 

Mi abuela se convirtió en la matriarca a la muerte del abuelo; mi abuelo murió cuando yo tenía ocho años y eso determinó mi camino y el de toda la familia: mi abuela, una mujer fuerte y con claras ideas de cómo debían ser las mujeres, tomó las riendas de la casa familiar.

 

Aunque las mujeres de mi familia me definieron, si me allanaron el camino para lo que no quería ser. Decidí que no me casaría, que no me quedaría en casa cuidando niños, que estudiaría lo que yo quisiera y decidí dejar la ciudad donde crecí, la más conservadora del país.

 

Decidí vivir a mi manera. Y sí, mi fuerza me la dieron esas mujeres conservadoras como mi abuela porque decidí que podía ser fuerte como ella, pero a mi manera, decidí que las mujeres podemos ser nosotras mismas sin necesidad de un hombre a la par. Estoy convencida que mi abuela se “liberó” el día que se murió mi abuelo.

Una foto vieja de Joshy riendo después de haberse bajado de un auto negro.

Una foto vieja de Joshy riendo después de haberse bajado de un auto negro.

Por eso decidí estudiar periodismo. Un día cayó en mis manos el libro de Oriana Fallaci, Entrevistas con la Historia donde entrevistaba a personajes famosos, presidentes, líderes políticos y decidí que haría lo mismo que la Fallaci, sería periodista. Y lo hice. Y sí entreviste a los famosos.

Afortunadamente para mi tuve una madre con una visión muy diferente a la de mi abuela, que me dejó volar hacia donde yo quería. Me dio el mejor regalo que podía darme: educación. Me empujó a estudiar, a aprender, a conocer, a soñar en grande, a no detenerme ante nada, me dio el amor a los libros, a leer, a leer

imaginar, para ver más allá del horizonte, para ver más allá del color de la piel de alguien, me enseñó con el ejemplo que las mujeres podemos ser fuertes y sobrevivir a pesar de….de las adversidades, de las tristezas, de las caídas. Mi madre me enseñó cómo trabajar duro, todos los días, para enseñar a sus dos hijas, a ir por la vida con la cabeza en alto. Y aunque fui la rebelde sin causa en mi casa, una frase que mi abuela repetía cada vez que me iba con mis amigas sin decir a donde, apliqué cada consejo de mi madre. Ese fue el norte cuando me tocó criar a mis hijos como madre soltera…Fueron años de mucho trabajo, de muchas satisfacciones, pero también de muchas tristezas.

 

ESTO QUIERO SER O ESTO SERÉ

 

El estudio ha sido una obligación en mi familia. Y yo no fui la excepción. Hubiera querido viajar por el mundo como mochilera, conocer otras culturas, como ávida lectora soñaba con llegar a Marruecos, o Bora Bora. Sin embargo, esa no fue una opción para mi familia. Por mis amigas y familia escogí Administración de Empresas pero estudiar Periodismo siempre fue la primera y única opción. 

 

Mi madre respetó mi decisión cuando a último momento me arrepentí de matricularme en Administración de Negocios. Y sí, no estudié durante un año para poder matricularme en Periodismo, pero decidí trabajar. Encontré empleo de asistente de un doctor pediatra. Durante un año trabajé atendiendo a los padres y madres que llegaban con niños a la consulta del doctor. Gané mi propia plata a los 17 años. Hasta que empecé la universidad y mi meta de trabajo cambió. Me convertí en periodista.

Tomar esa decisión a pesar de…me dio conciencia de mi poder como mujer, como persona dentro de una sociedad injusta pero también de que yo podía cambiar las cosas porque me convertí en ejemplo para mis sobrinos pequeños. Ver a la tía en TV les decía que ellos y ellas podían. Ese era mi mensaje en la Universidad mientras di clase, todas las mujeres podemos alcanzar metas, todas podemos romper los círculos injustos, nadie puede detenernos.

La vida es injusta muchas veces y aunque viví los años más felices en mi infancia y mi adolescencia, y cumplí la meta de ser periodista, también viví las tristezas más grandes de adulta. Quedar huérfana

Joshy sentada en la parte trasera de una moto, detrás de un hombre, con una cámara enfrente del rostro.

Joshy sentada en la parte trasera de una moto, detrás de un hombre, con una cámara enfrente del rostro.

es un sentimiento que no se supera nunca. Un accidente de avión se llevó a dos de las personas más queridas en mi vida: mi madre y mi abuela.  Mis hijos recuerdan a su abuela a través de fotos.

Siempre he decidido cosas por mi misma, tal vez esto ha provocado distancia con mi familia materna …pero siempre supe cómo quiero vivir mi vida y siempre he sabido que tengo derechos.

Esa confianza en mí misma no se de donde viene pero es la misma confianza que me dijo que quería estudiar, cuando decidí tener a mi primer hijo a pesar de que sabía que mi familia pegaría el grito al cielo, la confianza para trabajar en un medio tan competitivo como la TV, y la certeza de que mi madre siempre me apoyaría a pesar de las críticas dentro de mí misma familia. Ella me dio la fuerza y la confianza para llegar a donde yo quería. Mi madre se separó de mi padre por razones que aún no están claras para mí pero supo que ya no quería vivir con ese hombre y escogió a sus hijas primero. Esa fue una lección cuando decidí hacer lo mismo. Decidí escoger estar segura y no vivir con la violencia doméstica como algo normal, no lo pensé mucho. No me he arrepentido ni un segundo de mi vida el haber tomado esa decisión. Lo hice por mis hijos, las dos grandes razones de vida.

Foto vieja de Joshy y sus dos hijos sentados en unas escaleras en Nicaragua.

Foto vieja de Joshy y sus dos hijos sentados en unas escaleras en Nicaragua.

Foto vieja de Joshy y sus dos hijos enfrente de un paisaje en Nicaragua.

Ser madre, a los 21 años, me dio otra perspectiva y me anclo a ser mejor, me convertí en el pilar de mi casa, algo que aprendí de mi abuela, esa mujer fuerte y mandona que decidió el destino de muchos en mi familia, con autoridad, pero con mucho amor y ese fue el ejemplo que dejé en mis hijos. Mis hijos saben de la fuerza que tenemos como mujeres, como madres, porque vieron a una madre soltera, que no me gusta decir esa palabra porque fue mi elección, trabajar y estudiar duro para lograr sus metas.  Y también hacer de todo en el hogar. Esa es la fuerza que tenemos que muchas veces ni nosotras mismas somos conscientes de ello. Pasé años trabajando día y noche, desde el día hasta la noche, casi sin ver a mis hijos toda la semana, a veces ni los fines de semana y aun así dirigía mi casa y mi vida.

No crean que todo es color de rosa. Pasé años peleando con el padre de mis hijos para que tuviera las responsabilidades de la crianza de los hijos de manera equitativa. Pero esa es otra historia, volumen II.  

 

¿QUÉ SOMOS?

Somos la suma de muchas cosas, de amores, sinsabores, alegrías, amistades, familia. He pasado acontecimientos dolorosos y espectaculares también. Sufrí de violencia doméstica, un hecho que ahora puedo compartir porque definitivamente me hizo más fuerte, me indicó el camino que no quería seguir, el de las estadísticas, y sobre todo me comprometió a creer en la denuncia de las víctimas. En Nicaragua casi dos mujeres son asesinadas por su pareja, cada semana. La mayoría de las mujeres que tienen la experiencia de violencia doméstica no denuncian y cuando lo hacen, el estado no protege a la víctima.

Foto vieja de Joshy y sus dos hijos enfrente de un paisaje en Nicaragua.

Darle voz a las mujeres para denunciar a su victimario es deber de todas las mujeres. Yo creo en eso y creo en creerles.

¿PARA QUÉ VENIMOS A ESTE PAÍS?

Cuando mis hijos se vinieron a este país, con los privilegios que eso significa, parte de mi corazón se vino con ellos.

Se vinieron preparados, preparados para ser personas completas. Les enseñe que los quehaceres de una casa no son tareas de las mujeres, son tareas de todos. Lavar, planchar, cocinar y trabajar duro fue algo que aprendieron de niños y no para mí sino para que fueran el verdadero compañero que uno quiere. Eso es equidad para mí, nadie por encima de nadie. Estoy orgullosa de los hombres en que se convirtieron. 

 

Nací en este país hace muchos años, pero mi país es Nicaragua. Soy nicaragüense de pies a cabeza.

Hace tres años decidí regresar a este país para estar cerca de mis hijos. Deje la mitad de mi corazón y parte de mi vida en ese sufrido país que es Nicaragua, que vive bajo una dictadura. Ahora ni siquiera puedo regresar a Nicaragua, mi país, pero esa es otra historia, Volumen III.

 Los hijos de Joshy como adultos en los Estados Unidos.

Los hijos de Joshy como adultos en los Estados Unidos.

Joshy y una familia en la parte rural de Nicaragua.

CUANDO DESCUBRIMOS LA FUERZA QUE TENEMOS

Dios hace las cosas de manera misteriosa porque nunca imaginé trabajar con comunidades latinas. Como reportera durante muchos años pude conocer de cerca las comunidades más alejadas en Nicaragua, las más empobrecidas, las más golpeadas por las inequidades de países hundidos por la corrupción y la violencia. Así como han sido destruidas por políticos corruptos, también así son de fuertes las personas de esas comunidades. Por eso como latinos hemos sobrevivido a mucho. Por eso sé que estoy en el lugar correcto en el tiempo correcto.

 

Creo en la fuerza de los latinos y latinas para vencer obstáculos, para salir de los reveses y para convertir lágrimas en sonrisas.

Joshy y una familia en la parte rural de Nicaragua.

Ser Promotora de Salud, ser parte de esta comunidad latina en Wisconsin es motivo de orgullo para mi. Soy privilegiada por ser parte de esta gran comunidad de mujeres y hombres, que trabajan duro día y noche para sacar a sus familias adelante. He conocido mujeres espectaculares, fuertes y seguras, alegres, con una sonrisa a tiempo, con un saludo cariñoso siempre, cuidando de sus familias, yendo a trabajar bajo el terrible frío de Wisconsin para poder pagar sus cuentas cada mes, cocinar cada día, criar niños y niñas, ser el pilar de sus hogares y son felices.

 

Desde hace un año hemos trabajado afuera con las comunidades latinas en el tema de las vacunas y el COVID pero también hablándole a hombres y mujeres sobre los derechos que como latinos tenemos en este país. Un papel no invalida derechos universales. Hemos predicado con el ejemplo. Las Promotoras somos un ejemplo de cómo puede cambiar la vida de una mujer, empoderada de lo que quiere hacer y de lo que puede cambiar.

 

Por eso creo en la educación como eje fundamental para cambiar las vidas de las mujeres y las familias. El tema de la sexualidad, un tabú aún en muchos países y hogares, es algo que debe ser discutido siempre sobre todo en las comunidades latinas para acabar con la cultura machista, empoderar a las mujeres a tomar control de su cuerpo y de sus decisiones y aprender cómo podemos cambiar esa cultura de sometimiento de otros sobre las mujeres. Decidir si quiero tener hijos o no, si quiero tener un aborto o si quiero tener una pareja son temas que las mujeres aprendemos cuando discutimos e incluimos el tema de la JUSTICIA REPRODUCTIVA en nuestra vida diaria, un concepto que aprendí como Promotora de Salud. Para eso estoy aquí.